2006-11-18

LA EXPERIENCIA MODERNA DEL TIEMPO

Sin duda, es cierto que ha nacido una historia cuya categoría temporal es la aceleración: aceleración en términos sociales, industriales, técnicos, estéticos, y mediáticos,. Es importante resaltar la idea de Koselleck de que ésta aceleración provoca que la diferencia entre experiencia y expectativa es de tal magnitud que se hace imposible salvarla. Las fronteras entre el pasado y el presente se borra y se diluye en los límites entre uno y otro. Que la aceleración del progreso es tal que las relaciones entre las coordenadas espacio- temporales (presente-pasado-futuro y aquí-allí) tienden a cero, o sea a la instantaneidad. Esta nueva experiencia moderna del tiempo, este cambio acelerado, hace posible el adjetivo de líquida, en la que sólo hay momentos, puntos sin dimensiones, el espacio-tiempo tiende a cero, se pretende que todo sea instantáneo (y por lo tanto todo es efímero, como los objetos de consumo. El tiempo mismo se convierte en mercancía).
Las tensiones que éste estado de cosas genera, han de resolverse. En mi opinión, la experiencia estética (en su sentido más amplio posible) genera las respuestas adecuadas para el que el ser humano se adapte satisfactoriamente y sin excesivo estrés a los cambios constantes del mundo y de la historia.
El hecho perceptivo es, (al igual que las variables posturales en las que Durand basa toda su investigación de las estructuras antropológicas del imaginario) la herramienta cultural por antonomasia a través de la cual el hombre adapta sus esquemas mentales (antropológicos, sociales) a nuevas situaciones, a nuevas necesidades adaptativas. El arte, es la coagulación de esa necesidad adaptativa a través del hecho perceptivo.
La abstracción, el cubismo, el surrealismo, el conceptualismo, se suceden unos a otros cada vez más rápido, al igual que los cambios tecnológicos y los valores morales, siendo la evolución artística un reflejo de la evolución social y tecnológica.
Los modos de producción son uno de los agentes que generan los símbolos de cada época. Los ejemplos serían innumerables. Baste decir que "es evidente que en la veneración de las divinidades ctónicas (la madre tierra) en general supone una cierta importancia de la agricultura"(Max Weber).
El modo de producción de la modernidad está marcado por la aparición de la máquina. Esto me parece de importancia capital. El ritmo de producción material (alimentos, productos manufacturados) es siempre simétrico al modo de vida, las relaciones parentales y sociales y la producción simbólica (arte).
Una sociedad de nómadas desplazándose tras los rebaños de renos o una sociedad agrícola sedentaria, generarán ritmos de producción distintos y una producción simbólica distinta. El nómada llevará un ritmo marcado por el reno, por el ritmo vital del reno. El agricultor llevará un ritmo marcado por las plantas, y tendrá su capital simbólico regido por el paso de las estaciones. y su arte, sus fiestas, sus relaciones sociales, y su religión marcados por el ritmo de la vegetación ( Frazer ).
La industrialización ha hecho que el hombre se adapte al ritmo de la máquina. La técnica hace que las máquinas sean cada vez más veloces en su producción de objetos y tecnologías, y por tanto el ritmo del consumo de los productos materiales y simbólicos es tanto más veloz cuanto más lo sea la máquina.
La producción simbólica también se ha acelerado. Las imágenes son un ejemplo. El cine de consumo generalizado produce sucesiones ininterrumpidas de escenas e imágenes a una velocidad nunca vista hasta ahora. Es una sobreestimulación. Los ojos ven demasiado y no registran nada. El sistema sinestésico de la percepción se ha convertido en un sistema anestésico .
Los procesos de racionalización que inauguró la modernidad, cuyo exponente y cuya bandera es la técnica, le han llevado al hombre a una" deshumanización e irracionalidad en lo que se refiere a la existencia humana" (Horkheimer ).
Como decía al principio de la exposición, el hecho perceptivo es la herramienta cultural privilegiada a través de la cual el hombre se adapta a nuevas situaciones, a nuevas necesidades.
A fin de lograr una empatía con el entorno que le suministre al individuo equilibrio, el arte del siglo XX empatiza con la máquina. ¿Acaso no son las aceleradas imágenes de destrucción del cine de acción estadounidense una forma de sentirse integrados simbólicamente en un entorno de destrucción acelerada?.
¿Acaso no es el rock & roll, el sonido de la guitarra eléctrica amplificado por un bafle de 10.000 W el sonido de la propia electricidad, de la propia energía que mueve los engranajes del mundo en que vivimos.?.
¿Acaso estas experiencias estéticas y simbólicas del hombre del siglo XX no son la negación, la ausencia de la consciencia de la finitud humana?.
Según Gadamer la verdadera experiencia es aquella en la que el hombre se hace consciente de su finitud, que conoce los límites de toda previsión y la inseguridad de todo plan. La experiencia moderna nos empuja al exceso, a la prepotencia de sobreexplotar al hombre y a la naturaleza como si no existiera límite alguno. En palabras de Horkheimer y Adorno, un retorno a la barbarie.
El gusto de los jóvenes (me incluyo) por conciertos y discotecas en los que la mímesis de la música con el ruido, la aceleración de la máquina y de la electricidad es evidente, confirma "que en el capitalismo tardío cada uno debe demostrar que se identifica sin reservas con el poder que le golpea "( Horkheimer y Adorno ). (osea, la "utopía maquínica de la modernidad que hoy arroja por doquier nuevos signos de malestar y destrucción "(Subirats).

1 comentario:

EBartworks dijo...

por fin ha aparecido él solito el link a los comentarios ¿que habrá pasado?. los misterios de internet.