2008-10-11

RELIGION Y TRASGRESION


El hombre es un animal cultural. todos sus actos y su percepción del mundo, su mirada hacia su interior y sus actos hacia el exterior están siempre mediados por la cultura. Filtrados por el aprendizaje del pasado y por las expectativas del futuro que han germinado en él a través de la semilla de su cultura particular y específica.

Según Max Gluckman, el hombre ritual, “se ocupa de definir y segregar papeles sociales, por lo que comunica algo de la estructura social en la que vive”.
Las clasificaciones sociales, la organización social, se hace visible a través de los rituales. Estos rituales son una forma de reactualizar, confirmar y sumarse a los consensos culturales de cada cultura. A través de estos rituales marcamos culturalmente el paso del tiempo, de forma que el año queda espaciado por fechas señaladas con rituales que confirma nuestra identidad grupal o nuestra sumisión a los poderes tanto terrenales como celestiales.
En nuestra sociedad consumista existen rituales de consumo, como por ejemplo las Navidades y sus compras compulsivas, que antes eran rituales religiosos de reafirmación grupal en las creencias cristianas. El significado profundo de estos rituales que celebramos a lo largo de todo el año y de toda nuestra vida habitualmente permanece oculto para nuestra consciencia como individuos y como sociedad. Muchas veces nos resulta muy difícil expresar con palabras por qué hacemos determinadas acciones y comportamientos, ya que el hombre común se adapta a las reglas generales de conducta sin ser consciente de su importancia y de su significado profundo. De esta forma la práctica ritual enmascara su sentido profundo y lo oculta en las profundidades de la psique individual y colectiva.


No es imprescindible creer en la religión ni en el consumo para realizar los rituales religiosos y consumistas. Lo importante es la performance en sí misma. Lo que es obligatorio no es creer en los dioses o en el sistema capitalista, sino realizar aquellos actos sagrados que la tradición religiosa o de consumo ha prescrito.

Y esto es así porque la “finalidad de la religión o de las prácticas religiosas no es la salvación de las almas, sino la supervivencia y el bienestar de la sociedad “
la religión y el consumismo, cada uno en su época o sociedad correspondiente, hacen posible a la misma sociedad, el funcionamiento de ésta, su funcionamiento sin fricciones.

Los cambios en la sociedad comienzan cuando algunos individuos empiezan a realizar trasgresiones de las normas y de los rituales que las confirman.
A través de la trasgresión paulatina de las normas lo que ayer era escandaloso hoy se ritualiza y se acepta como normal.
En cualquier aspecto de la sociedad en la que los rituales tengan cabida, existen ciertas fechas en las que la transgresión está permitida. En las fiestas de todos los pueblos, los cabezudos pegan a los niños con vejigas hinchadas de aire y los persiguen por calles y plazas. Pegar a un niño no está permitido el resto del año, pero ese día se realiza un ritual de transgresión que sirve por una parte para reafirmar la norma de no pegar a los niños y por otra como vía de escape a tensiones acumuladas a lo largo del año.
En los días de carnaval, los hombres se pintan los labios y se ponen faldas. Simulan tener pechos y se colocan pelucasde largos cabellos. El resto del año esto sería considerado una perversión y el infractor sería señalado con el dedo y marginado.


La función central que desempeñan estos rituales puede denominarse de enmascaramiento según Gluckman ya que “ocultan o encubren los principios fundacionales de un sistema social desigual” si existen una desigualdad social que no permite a los hombres pintarse los labios o llevar faldas, se permite una vez al año trasformar el aspecto de los hombres como vía de escape y para definirlo como transgresión y reafirmar su prohibición el resto del año.
De esta forma “se integra lo que normalmente está separado, exhibe lo que habitualmente está prohibido, y al hacerlo parece dotar de una continuidad , y ofrece una imagen de completud del sistema social y de los principios en que se sustenta”(Diaz Cruz1998), impone, en fin, un “orden natural de las cosas” pero a la vez permite cierto ejercicio de crítica del sistema social.
Estas pequeñas trasgresiones a las que estamos acostumbrados reafirman el orden social pero a la vez abren una puerta a la posibilidad del cambio. El disfraz es la antesala a las vestimentas del futuro.
Las religiones nos ofrecen infinidad de ejemplos de rituales de trasgresión . Baste como ejemplo el ritual zulú de la “nomkubulwana”, la princesa del cielo, que prescribe que las mujeres y las niñas se comporten obscenamente, con prácticas que les están enfáticamente prohibidas en condiciones no rituales: visten con ropas de hombre, ordeñan el ganado, que en situaciones no rituales representa un tabú para ellas, beben cerveza en honor de la princesa del cielo, se desnudan, entonan canciones obscenas. Los hombres y los niños por su parte han de permanecer ocultos y no deben acercarse demasiado a aquellas. El papel dominante que adoptan las mujeres, al menos temporalmente, en una sociedad profundamente patriarcal como la zulú, es entendida por Gluckman cómo una ”protesta instituida, demandada por la tradición sagrada, que aparentemente está en contra del orden establecido, con todo se propone bendecir ese orden para obtener prosperidad.”.( Diaz Cruz.1998)






Es curioso observar cómo el hecho religioso, el más proclive a dictar normas cuya transgresión está prohibida y a realizar infinidad de rituales a través de todo el año y a lo largo de toda la vida de las personas , fundamenta sus bases ideológicas o sus dogmas más profundos en el concepto de transgresión.
Hace poco tiempo, el Papa Ratzinger en un discurso, anunció a todos los cristianos que no compraran el libro de Harry porter, ya que según él, cualquier tipo de magia siempre proviene del diablo.
Sin embargo el Papa Benedicto XVI no tiene ningún reparo en que sus sacerdotes y monjas realizen todo tipo de rituales mágicos, como son las curaciones milagrosas con el agua de Lourdes, las rogativas a la virgen para que llueva, la transformación del vino en sangre y otros actos mágicos plenamente integrados en el ritual católico.

Si nos fijamos bien, las bases fundacionales del cristianismo y de todas las religiones son la transgresión superlativa. Si las leyes naturales dictan que una persona muerta no puede resucitar, va Jesucristo y resucita de entre los muertos. esto es una transgresión de las leyes naturales.
Si las leyes naturales dicen que una persona va a morir por una enfermedad incurable, y la virgen hace un milagro y cura ese enfermo, es otra transgresión de las leyes naturales. Si todos sabemos que tras la muerte el cuerpo se corrompe y queda disgregado en la tierra, la religión nos propone una vida eterna después de la muerte. Esto es una transgresión de las leyes de la lógica y de lo que nos evidencia la experiencia cotidiana.


Vistos todos estos ejemplos podemos afirmar que Dios es un transgresor, ya que a través de él (según la religión católica) acontecen todos estos milagros. La transgresión es, pues, una cualidad divina. Y a través de esa cualidad trasgresora se manifiesta Dios según los cánones religiosos.

Si la transgresión es la base fundacional de las religiones, no es de extrañar que las religiones repriman tan duramente las transgresiones, ya que son monopolio exclusivo de la religión, necesitan controlarlas y monopolizarlas y por lo tanto las transgresiones realizadas por los hombres fuera de su control no están permitidas.
Y quizás también por ser una cualidad divina, la transgresión de las normas es siempre apetecida por los mortales. Quizás por aspirar a un trocito de la esencia divina.